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33 primaveras rojiblancas

33 primaveras rojiblancas

Radio Neptuno, Tu radio del Atlético de Madrid

Justo hoy, el día que comienza la estación en la que florecen las amapolas, hace 33 años uno de los mejores jugadores más importante de la historia del Atlético de Madrid y de la historia de la Selección española de fútbol. Y sí, ese no es nada mas y nada menos que Don Fernando José Torres Sanz, el futbolista más laureado que ha salido de la cantera del Atlético de Madrid.

Fernando Torres comenzó a dar patadas a un balón con la prematura edad de dos añitos, pero el fútbol paso a ser algo muy importante para él en el momento en el que en España se comienza a emitir la serie animada Oliver y Benji, según cuenta el propio Fernando en su página web. Él, como muchos otros niños en aquellos momentos, soñaba algún día como Oliver y Benji, quienes acaban consiguiendo ser futbolistas profesionales. Sueño que no tardo mucho en hacerse realidad, ya que tras una gran paso por el Rayo Majadahonda, el club al que el amaba gracias a su abuelo, el Atlético de Madrid le dio la oportunidad de pasar a formar parte de su cantera en 1995, con lo que su sueño de niño cada vez estaba más cerca.

Y tan cerca, ya que en 2001, a la temprana edad de 17 años, el director deportivo del Atlético de Madrid, Don Paulo Futre, le llama para avisarle que debería acudir a entrenar con el primer equipo ese mismo miércoles, y para sorpresa de Fernando, fue convocado para el partido contra el Leganés, y así nos cuenta Fernando como vivió todo aquello:

“Hola Fernando, soy Paulo Futre”. ¿Futre? No alcanzaba a explicarme porque recibía la llamada del Director Deportivo del Club. Unos días antes, Iñaki Sáez me comunicaba que debutaría con la selección sub-18. Demasiadas cosas en poco tiempo. Las palabras de Futre me tranquilizan. Me dice que vaya a entrenar con el primer equipo con vistas a la próxima pretemporada. Era conveniente que fuese viviendo el ambiente. Empecé a entrenar un miércoles, el sábado ya iba convocado y el domingo debuté. Fue todo muy rápido.

Y llegó el día. Eran poco más de la una de la tarde, el estadio estaba lleno, el ascenso aún en juego, hacía muchísimo calor, ganábamos uno a cero, y la tensión se mascaba por todas las esquinas del Calderón. Pero yo estaba extrañamente tranquilo. Las enormes ganas de jugar frenaban cualquier alteración nerviosa. Tras concluir el encuentro tuve una sensación rara: sentí que siendo muy joven había logrado todo lo que había soñado en la vida. No me lo acababa de creer. Cuando era chaval pensaba que al llegar lo tenía todo hecho pero estaba equivocado: aquella mañana sólo di el primer paso.

Tras este soñado debut, Fernando conseguiría, junto con el resto de sus compañeros, ascender al equipo a donde le correspondía, la Primera División. Y así lo recuerda:

En lo personal no me fueron bien las cosas. Después de todas las expectativas que se habían forjado sobre mí, sólo había marcado seis goles. Eso sí, no hubiese cambiado una buena temporada mía por no ascender. El ascenso fue atípico. Se nos escapó contra el Nastic, al que teníamos que haber ganado, y tuvimos que esperar hasta el día siguiente. Ascendí en el salón de mi casa y los compañeros comenzaron a llamar diciendo que ya estaba. Había que celebrarlo. Hubiese preferido esperar una o dos semanas más y disfrutarlo con la afición en el Calderón. Pero la espina ya estaba fuera. Nos esperaba Neptuno. Diego Alonso tiró del grupo, se subió a la fuente y gritó: “¡Atleti!”. Segundos después la noche madrileña nos escuchó a todos: “Volvemos a Primera”.

Pero el Club no funcionaba, el Atlético de Madrid no conseguía llegar a las plazas europeas, y toda la responsabilidad caía sobre Fernando Torres, que pese a ser un chaval jovencísimo ya era el capitán del Atlético y su principal estandarte. Todo esto, junto a las necesidades del club, llevo a Fernando a tener que marcharse a las islas británicas, a todo un campeón de Europa, el Liverpool de Rafa Benítez. El Niño se despidió con un claro mensaje “Espero que esta despedida sea un hasta luego” con lo que daba por concluida una bonita etapa de 12 años en el club de la capital.

Tras esta marcha, Torres comenzó a cosechar éxitos a nivel internacional con la Selección española de fútbol, pero ello no le privo de acordarse del equipo que le había llevado hasta allí, el Atlético de Madrid. En 2008, tras ganar la Eurocopa, Fernando Torres se subió al autobus que paseo a los héroes españoles por la capital, y enarbolo una bandera del Atlético de Madrid, y la colgó entre sus piernas, dejando ver su escudo. Lo mismo paso con el mundial de 2010, pero este caso sería una bufanda, la cual ato a la muñeca de su mano derecha.

Pero en 2015, tras una mala racha de actuaciones y no haberse sentido completamente agusto en su ultimo destino, el AC Milán, Torres decide que su momento de volver a su casa ha llegado, una casa que había añorado, pese a que su vuelta no era una opción real durante su periplo británico. El día 4 de enero, Fernando Torres es presentado como nuevo futbolista del Atlético de Madrid, y la afición le recibe como lo que realmente es, un verdadero heroé, el hijo prodigio del Atlético. El Calderón se llena como en un partido, y por primera vez en muchos años, vuelve a resonar un cántico en toda la grada, “Fernando Torres lolololololo”. Así cuenta él como vivió su regreso:

Desde el mismo día en que cerré mi primera etapa en el Atlético de Madrid tuve la convicción de que, algún día, volvería a pisar el Vicente Calderón vestido de rojiblanco. Durante mi etapa en Inglaterra regresar a casa nunca fue una opción real, aunque los medios agitaban rumores frecuentemente. Siempre que jugaba el Atleti hacía todo lo posible por seguirlo en directo. Así pude disfrutar de las victorias y de los títulos como un aficionado más. También tuve la oportunidad de regresar como rival, con el Chelsea en ‘semis’ de Champions, y el recibimiento de la afición fue tan emotivo y sincero que me hizo revivir las sensaciones de mi primera etapa en el club. Meses después, el puzzle encajó de forma natural e inesperada: por fin volvería a vestir la rojiblanca y lo haría como siempre quise, para competir con una edad óptima de mi carrera deportiva. Se cerró el círculo.

Cuando brotaron las negociaciones me encontraba en Dubai, en una concentración de invierno con el A.C. Milan. Quedaba poco para fin de año y el día 30 de diciembre teníamos programado allí un amistoso contra el Real Madrid. No llegué a jugar el partido. Esa misma mañana volé hacia Madrid con una sensación que no experimentaba desde hacía años: sin billete de vuelta. Ya en la llegada al aeropuerto me sentí abrumado por el cariño de la afición. Y sólo era el principio.

Mis primeras horas de regreso en Madrid fueron muy intensas. Al día siguiente pasé reconocimiento médico y poco después me entrené por primera vez en el Cerro del Espino con el ‘profe’ Ortega, el preparador físico del Atlético. Los recuerdos se agolpaban en mi cabeza y era como vivir un sueño. El día de fin de año por fin pude ejercitarme con el resto de la plantilla bajo las órdenes de Simeone, fue un día de sensaciones magníficas para acabar el año de la mejor manera. Por delante quedaban días de duro trabajo para alcanzar el punto de forma óptimo con el único objetivo debutar lo antes posible.

Sin embargo, antes del estreno, ya tuve la ocasión de vestir la rojiblanca en el Calderón y poder agradecer a la afición todo su cariño. Fue el 4 de enero, en la presentación oficial. Cuando se trata de la afición del Atlético siempre puedes esperar lo máximo. O aún más. Por eso no puedo decir que no esperara lo que allí sucedió. Ya en los pasillos del estadio, cuando me dirigía al lugar de la presentación, me llegaron algunas fotos de las gradas repletas de aficionados. No me hacía a la idea de que algo tan grande estuviera sucediendo unos metros por encima de mi cabeza. Algo increíble… excepto cuando se trata de la afición del Atlético. Se cifró la asistencia en 45.000 personas.
Desde que marché en julio 2007 las muestras de cariño fueron muchas y constantes… Cuando volví de rival con el Chelsea, cuando la gente me veía por la calle y me decía: “Yo estaré tranquilo el día que te vuelva a ver en el Calderón”. Cuando mi vuelta era ya una realidad me convencí de que para los atléticos significo más de lo que yo mismo podía esperar. Mis hijos, que me acompañaron al saltar al césped aquélla mañana, me preguntaban “papá ¿cuándo empieza el partido?”. Con el tiempo entenderán lo que pasó. Fue una mañana inolvidable para toda la familia, que estuvo a mi lado una vez más en otro de los momentos más felices de mi carrera deportiva.
Tres días después llegó el momento: por fin pude volver a debutar con la camiseta rojiblanca. El destino quiso que ocurriera ante el Real Madrid, en un derbi de Copa del Rey. Vencimos por 2-0 en el Calderón, no se podía empezar mejor. Pero lo mejor aguardaba para el partido de vuelta en el Bernabéu. No había marcado antes en Concha Espina y logré dos tantos, uno al comienzo de cada tiempo. Fue un día para disfrutar. Griezmann me sirvió dos balones sensacionales y pude estrenarme a lo grande, con dos tantos que ayudaron al equipo a pasar a cuartos de final. Mi primer gol en el Calderón llegaría poco después, en la misma competición y ante otro gran rival: el F.C. Barcelona. Un estreno inmejorable que ni tan siquiera podría haber soñado cuatro meses atrás.

A finales de agosto había decidido cambiar Londres por Milán en busca de nuevos retos. Siempre había sentido simpatía y admiración por el club ‘rossoneri’, uno de los grandes de Europa. Apostaron fuerte por mí y me dijeron que iba a ser un jugador clave para ellos. Por desgracia después de unos meses empecé a no contar para el entrenador, Filippo Inzaghi, una decisión que respeté al ciento por ciento, pero que me obligó a mirar hacia adelante y buscar otro destino. En este escenario surgió el interés del Atlético y no tuve dudas. Mi futuro era rojiblanco, al igual que mi pasado.

Regresé al Atlético en busca de mi felicidad. Cuando era niño mi gran sueño era jugar en el Atlético de Madrid. Entonces lo conseguí y regresar siete años y medio después significó para mí hacer realidad otro sueño. Fue todo un honor jugar para Liverpool FC, Chelsea y A.C. Milan, pero una cosa me queda muy clara: como el Atleti no hay ninguno.

Todo esto, nos hace ver que es uno de los futbolistas que más ha sentido nuestra camiseta, ya que pese a ser un grandísimo jugador, también fue un aficionado más de este club, que como tú y como yo, una vez desde la grada del Vicente Calderón, soñamos con jugar en él con la camiseta de nuestro amado club.

Por todo esto, por ser el futbolista más laureado de nuestra cantera, y por todo el sentimiento que desmuestras y has demostrado siempre por esta camiseta y esta escudo, muchísimas felicidades Don Fernando, pero sobre todo, muchísimas gracias.