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Orejas, morro y cuernos

Por Jose L. García.

¿Quién nos lo iba a decir? Que la Juventus le daría la vuelta a un 0-3 en contra y que lo haría en el Bernabéu. Pero sucedió, todos pudimos ver los dos saltos de Mandzukic con sendos goles de cabeza y el fallo garrafal de Keylor Navas que ponía el 0-3 en el marcador e igualaba la eliminatoria. Se veía venir una prórroga que podía ser para cualquiera de los dos y si no los lanzamientos desde el punto de penalti. Pero no se cumplió el pronóstico más lógico. Pasó lo de siempre, lo que quisiéramos no volver a ver, lo que pasa cuando entre el Real Madrid y el balón está el de negro, o de azul, de amarillo, de rosa o como se vistan en cada caso. Era el minuto 93, ¡qué casualidad! Y Lucas Vázquez se deja robar un balón de gol por un jugador que llegando por detrás le arrebata la pelota cruzando la pierna por delante de su cuerpo. ¿Cómo no? ¡Cuerpo a tierra que estamos en el área! Y el trencilla se acordó del silbato.

Penalti para evitar una prórroga que pudiera dar el triunfo a los italianos y por si Ronaldo fallaba el lanzamiento, expulsión de Buffon por protestar. ¡Pero cómo no vas a protestar! Después de una lucha titánica para conseguir un resultado que parecía imposible, llega un árbitro sin escrúpulos y te lo manda todo a hacer puñetas.

El portero de la Juventus lo dijo en rueda de prensa, ese árbitro, no es un ser humano, es un animal. Se notaba que no encontraba las palabras para definir al protagonista del escándalo. Yo creo que quiso decir animal amaestrado o autómata que responde a las instrucciones de su amo. Y en lugar de humano quiso decir deportista; si lo fuese y amase el fútbol, le hubiese enseñado la amarilla a Lucas por piscinero y el gran espectáculo habría continuado. Pero claro, era el minuto 93.

Ahora se ha hecho célebre en toda Europa el viejo grito que se ha oído tantas veces en los estadios españoles: ¡Así, así, así gana el Madrid!

Estoy de acuerdo con la idea de que el árbitro se puede equivocar y también admito que este Michael Oliver es un pipiolo. Pero hombre, cambiar un espectáculo deportivo por un escándalo callejero no es admisible en la alta competición. Buffon lo llamó cínico, yo prefiero no poner adjetivos que me conozco y me puedo pasar.

Solamente digo que entre la palabra de Michael Oliver y la de Gian Luiggi Buffon, prefiero la del segundo que es un ilustre futbolista europeo y no un pintamonas.

¿Cómo no van a acumular orejonas si tienen más morro que nadie?

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