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El Renacimiento del Atleti.

Por :Paul Lion

Tras los negros nubarrones del jueves, con la derrota en Lisboa (aunque clasificados), un juego pobre y las dos lesiones de Lucas y Costa que se sumaban a las bajas ya existentes, el partido de hoy ante el Levante se presentaba como una reválida y una incógnita a todos los niveles: alineación, mentalidad, moral, forma física, acierto de cara a portería…
Todas esas dudas se fueron disipando una a una. Lucas pudo finalmente jugar (aunque no lo podrá hacer el jueves por acumulación de tarjetas). El juego del equipo fue intenso y fresco, la mentalidad era atacante y de seguridad en defensa, el acierto de cara al gol fue alto. Se ganó en posesión y en ocasiones creadas.


Correa abrió el marcador con un jugadón en el área en el que, tras recibir un balón de Vitolo, quebró a tres defensas y disparó seco y abajo batiendo a Oier. Fue Ángel Correa el mejor del partido, con su constante lucha y su presión intensa, su juego vibrante, pero sobre todo por cómo se fabricó ese gran gol en el minuto 32 que abrió la lata del Levante. Vitolo le acompañó y brilló a gran altura también, dando muestras de estar acoplándose ya al equipo.
Poco después se produjo una jugada en la que Griezmann fue derribado por Oier en el área. La repetición muestra contacto pero Gil Manzano no quiso ver nada y, no contento con esa decisión, enseñó la amarilla al francés por el supuesto piscinazo. Está claro que por parte de este árbitro cualquier jugada dudosa tirará siempre en contra de los intereses rojiblancos, lo ha demostrado históricamente.
Tuvo que ser en la segunda parte, en el minuto 48 cuando el Atleti ampliara su ventaja. Y lo hizo Antoine Griezmann de extraordinario disparo empalmando un buen pase de Vrsaljko. El balón entró por la escuadra. La alegría fue inmensa y fue un alivio el comprobar que el francés recupera el gol tras los dos errores del estadio José Alvalades. Incluso hubo tiempo de poner la guinda a una tarde en la que todo salía de cara. Hoy que se celebraba el día del niño no podía faltar el protagonismo precisamente de ‘El Niño’. Tras entrar por Griezmann, Fernando Torres, cuyo olfato goleador no se ha visto afectado tras las últimas declaraciones en las que anunciaba su marcha, consiguió el gol 127 como rojiblanco. Su volea en el 77 a pase de Correa fue celebrada con gran entusiasmo por la parroquia del Metropolitano. Está claro que los partidos que le resten y los minutos que le de Simeone, Fernando los va a aprovechar al máximo y los que le admiramos aprovecharemos cada minuto que le veamos en el campo.
En definitiva una tarde tranquila en la que todo salió bien, y una victoria que supone matemáticamente la clasificación para Champions League la temporada que viene. Simeone lo ha vuelto a conseguir. Máxima eficiencia.
La temporada sigue, y la meritoria segunda plaza se sigue conservando.

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