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Así, así, así gana el Madrid.

Una combinación de errores defensivos y sobre todo arbitrales tumba a los rojiblancos, claramente perjudicados por el VAR

Frustración. Esa es la palabra que define a la afición rojiblanca en estos momentos. El derbi madrileño acabó, y con él un recital de errores arbitrales que dejan claramente perjudicado al equipo de Simeone. Parece que la campaña mediática llevada a cabo por los medios acérrimos al régimen madridista, por aquel supuesto penalti a Vinicius, está dando sus frutos. El equipo que nunca lloraba, lo hizo; y no le salió mal.

Puede que el juego del conjunto de Simeone en el partido de hoy no fuera el más brillante. El técnico argentino veía ya en la previa cómo uno de sus jugadores fundamentales, Rodri, no podía salir de inicio, siendo sustituido en el once por Lemar. Los rojIblancos no lograron realizar un gran juego, pero tampoco le dejaron. Porque las decisiones arbitrales tomadas en el día de hoy por el colegiado Estrada Fernández, y más en concreto por el VAR, darán mucho de que hablar debido a la repercusión negativa que tuvieron para los colchoneros. El VAR, una jornada más, no imparte justicia.

El partido comenzó con los pupilos del ‘Cholo’ saliendo con el cuchillo entre los dientes, pero esas ganas iniciales se vieron ahogadas poco a poco por la sangre fría y el temple del Madrid, que aprovechó un error garrafal en la marca de un córner para anotar el primer gol en el 16’, obra de Casemiro. Sin hacer gran cosa, sin ocasiones, los merengues se ponían por delante gracias a un error defensivo de los locales.

Poco tardó en responder el Atlético. Tras un robo en el centro del campo, Correa metía un gran pase en profundidad para que Griezmann definiera de forma exquisita por debajo de las piernas de Courtois. El VAR consultaba la jugada por un posible fuera de juego, pero acababa dando el gol. El Metropolitano se venía abajo. A partir de ahí, el Madrid, consciente de la situación, decidió frenar el partido, darle pausa para que no se jugara, y en el 42’ llegaría el primer error arbitral.

Una contra llevada por Vinicius, tras una pérdida de Correa, acabó con el brasileño internándose en el área y Giménez tirándose a cortar el balón. El central realizaba una entrada temeraria, ya que estaba justo al lado del área, pero era consciente de que no la estaba realizando dentro. El uruguayo derribaba a Vinicius, y sorprendentemente, el colegiado señalaba penalti. Giménez reclamaba  exacerbado que había sido fuera, y las repeticiones mostraban claramente cómo el primer contacto, el que derriba al jugador brasileño, había sido fuera, y el resto no era más que un enganche provocado por ese primer contacto. Todos esperaban que el VAR rectificara la decisión, pero esa rectificación nunca llegó. El penalti era anotado por Ramos y el Atlético estaba siendo perjudicado por el VAR, otro día más. Pero no quedaría ahí.

Dicen que lo que mal empieza, mal acaba. Pues bien. El Atlético afrontaba la segunda mitad con la vista puesta en el empate, pero, si en la primera ya había quedado claro que el VAR no estaba por la labor, en la segunda se consagraría.

Corría el 54’ cuando Giménez realizaba un pase en largo al espacio para Morata. El delantero la pinchaba con calidad, y se sacaba de la manga una espléndida vaselina con la que batía a Courtois. El 22 rojiblanco ya estaba celebrándolo con todo el estadio, sí, celebrándolo; cuando el colegiado decidía una vez más anular el tanto. Morata, jugadores y afición no se lo creían. La repetición mostraba a simple vista cómo estaba en línea, y si existía el fuera de juego, era más bien mínimo. Pues bien, esa sensación de robo no se pudo certificar hasta el final del partido, cuando al fin se pudieron ver las imágenes de la jugada. Porque, cosa rara, la realización en tv no mostró ni una toma más. Ni una.

Vergonzoso. El Atlético quería, pero el VAR no dejaba. Esa era la sensación que existía en el Metropolitano: el VAR estaba acabando con la ilusión, y no sólo con la de Morata por no poder celebrar su primer gol como rojiblanco, o con la afición local; sino con la de todos los aficionados no simpatizantes con el Real Madrid. Esta situación alcanzó su tope en el minuto 67’, cuando el propio Morata y todos sus compañeros reclamaban desesperados un penalti de Casemiro. Las imágenes lo mostraban: patada-zancadilla de Casemiro a Morata que lo derriba por completo y no le deja disparar a puerta. Había que seguir tragando. Un Casemiro, por cierto, que había repartido a diestro y siniestro sin recibir ninguna tarjeta.

El Atlético, consternado por la actuación arbitral, tenía que ver  cómo en una contra tras una pérdida de Thomas, Bale anotaba el tercero. Los de Solari, que no habían tenido ni una sola ocasión en la segunda mitad, se aprovechaban una vez más de un error de su adversario para penalizarlo. Todo, claro está, después del penoso espectáculo orquestado desde la sala del VAR. Los locales no supieron cómo reaccionar tras el gol de Bale, ni con Simeone sacando toda la artillería con Vitolo, Rodri y Kaliniç. El partido acabaría así, un Atlético poco brillante pero perjudicado por el VAR.

Toca pensar en el Rayo, pero estaría bien que alguien del club salga públicamente a pedir explicaciones después de este desaguisado arbitral. También es cierto que se veía venir, pues en la primera vuelta el VAR y el colegiado ya se comieron un penalti por mano de Casemiro. Una y otra vez, los de siempre vuelven a ganar como siempre. Da igual cuando lo leas.  Así, así, así gana el Madrid!

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