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Giménez: «Físicamente he mejorado mucho, antes era un gordito»

El central uruguayo inicia ante el Getafe su séptima temporada en en Atlético de Madrid, convertido ya en tercer capitán del equipo.☝Por activa y por pasiva en el Atleti tiene que haber siempre un uruguayo y capitán.
Grande Josema.

Fuente:© ELMUNDO

Uno de los casi 40 tatuajes que salpican de tinta el cuerpo de José María Giménez (Toledo, Uruguay, 1995) inmortaliza aquella «motito» de su papá con la que empezó a hacer su sueño realidad: el vehículo con el que su padre iba a trabajar y le llevaba a las «prácticas» siendo un crío. En los brazos de ese museo de su vida asoman sus dos pequeños: Lautaro y Luciano. Un puñado de recuerdos esculpidos sobre la piel de Nervio (así le apodan cariñosamente los amigos en su país), que, con sólo 24 años y en su séptimo curso, será el tercer capitán del Atlético. Un joven veterano encargado de comandar ahora la defensa rojiblanca y que, de no haber sido futbolista, hoy estaría entre fogones: «Soy el típico que mira las recetas y las hace».

Con la marcha de Godín, todos le señalan como el líder de la zaga. ¿Le gusta esa presión?
La presión no me pone nervioso. Pero es lindo que me pongan esos galones a la espalda. Me lo tomo con calma y muchas ganas de seguir aprendiendo y sumar.
¿Le ha pedido Diego Simeone algo en especial?
Hablamos al terminar la pasada temporada, cuando se sabía ya que Godín se iba. Me dijo que me quedaba como uno de los más veteranos y que asumiera ese rol. Toca transmitir esa experiencia a los compañeros como algo natural
Este año va a llevar precisamente el dorsal de Godín.
El 2 es un número que me gusta mucho. Lo llevé desde juveniles y en la selección. Lo tenía Diego [Godín] y jamás se lo iba a pedir, pero cuando supe de su salida lo primero que hice fue preguntarle si le molestaba que me quedase con su dorsal. Obviamente me dijo que lo cogiera.
¿Le parece que este Atlético es ahora más débil defensivamente?
Diego [Godín] es un jugador que impone a la hora de defender. Es un líder y, evidentemente, se va a notar su ausencia. Como se van a notar las de Lucas, Filipe o Juanfran. Pero tenemos que adaptarnos. Puede que la zaga sea más débil, eso ya se verá, pero trataremos de que no se note.
Sólo tiene 24 años y ya eres uno de los veteranos y tercer capitán. ¿Cómo se lleva?
Empiezo mi séptima temporada y lo vivo con la misma ilusión que cuando llegué. Las ganas no se me van a ir nunca, aunque queda muchísimo para aprender. Cuando tenga la edad que tenían Godín, Juanfran o Filipe cuando fueron los líderes del vestuario, probablemente podré aportar aún más cosas.
Se ha perdido casi 50 partidos por lesión desde que llegó al Atlético, ¿le preocupan tantas lesiones?
Es lo peor que le puede pasar a un futbolista. Buscas alternativas y soluciones. Con la experiencia de las lesiones, uno siempre trata de encontrar el equilibrio mental y físico. Y yo creo que lo encontré. El año pasado recaí un par de veces por querer ayudar al equipo. Me equivoqué y me sirvió de experiencia.
Con la inversión realizada, ¿cree que al Atlético se le debe exigir una manera más vistosa de jugar?
Este club siempre ha tenido la identidad del coraje y el corazón, como dice la frase. Es algo que no va a faltar. Ahora tenemos un equipo de muy buen pie, hay mucha velocidad y podemos aprovecharlo. Otros años había más capacidad de sacrificio.

Este año no podrá contar con algunos de sus grandes apoyos en el vestuario como Lucas y Godín.
Con Lucas tengo contacto diario prácticamente. Es un gran chico. Se fueron muchos jugadores que eran del grupo y se les va a extrañar muchísimo. Sobre todo por los momentos que compartes: los mates, los asados… Esas cosas que si le invitas a Trippier te dice que no (risas). Pero uno se adapta siempre a diferentes circunstancias. Hay cambios, pero hay que seguir. Es ley de vida.
¿Es más fácil ser defensa teniendo detrás a Oblak?
Sí, te da muchísima seguridad. Tener al mejor portero del mundo da una tremenda tranquilidad y te permite contar con una bala más en el partido. Nos ha salvado muchísimos partidos.
JAVI MARTÍNEZ
¿A usted también le ha impresionado Joao Félix?
Yo llegué con su edad, pero costé un poquito menos… (ríe). Pero es un chico, tiene sólo 19 años y no hay que cargarle todo a su espalda. Nos va a ayudar muchísimo porque tiene una calidad increíble.
¿Cuál de los nuevos le ha sorprendido más?
Trippier, que toma mate. ¡Toma mate de verdad! Son todos buenos chicos que quieren sumar.
¿Qué queda de aquel Giménez que llegó a Madrid con 18 añitos?
Físicamente he mejorado muchísimo, antes era un gordito (risas) y a base de entrenamientos el cuerpo ha ido cambiando. Vas creciendo, te vas haciendo un hombre. Trato de tener la misma personalidad que cuando llegué y estar siempre alegre.
En su primera temporada jugó sólo dos partidos.
Sólo tenía 18 años. Se ponían a jugar Villa, Koke, Raúl García y Adrián, la tocaban y yo no veía la pelota. Ahí te das cuenta lo lejos que estás. Me tocó hacer un año de facultad junto a Miranda y Godín, sabiendo que iba a jugar poco, pero consciente de lo que podía ganar.
¿Cuál ha sido su noche más triste en el Atlético?
La de Lisboa lo pasé mal porque vi a mis compañeros sacrificándose todo el año, pero en la de Milán me afectó porque había jugado casi todo el año aunque la final no la jugué, fue un palo. Perder así con la opción de ganarla fue muy duro. La más cercana por cómo se dio el partido fue la de Turín. Aquella noche no fuimos nosotros, era otro equipo jugando.
La vida le ha obligado a madurar muy rápido.
Claro. Yo vivía con mi papá y de un día para otro tenía que empezar a cocinarme solo, ir al súper solo… Es un cambio bastante importante siendo chico. Después, con la ayuda de mi señora, vivimos y aprendimos todo juntos. Esas son cosas que se valoran muchísimo.
¿Cómo supo que quería ser futbolista?
Normalmente el niño uruguayo nace con una pelota debajo del brazo. Nos encanta jugar al fútbol y desde que vas aprendiendo a caminar, el primer regalo siempre es una pelota de fútbol. Cuando vas creciendo, vas agarrando el rumbo que eliges. Y siempre a cada niño le gusta hacerlo con el fútbol. Y yo empecé como cualquiera de esos niños que le gusta la pelota. Y con el transcurrir del tiempo uno va agarrando muy a gustito la pelota, el jugar, el fin de semana viene el partido… Y a partir de ahí ya vas viendo si te llama la atención el tema del fútbol.
¿Fueron duros aquellos inicios hasta llegar aquí?
Mucho. Nosotros (los futbolistas) siempre hablamos de lo duro que es, sobre todo en la infancia. Recuerdo clarísimo escuchar a mi papá irse a trabajar a las cinco de la mañana en una motito, con muchísimo frío y volver a las seis y media de la tarde. Yo le esperaba con un bolsito que tenía el mate calentito y él desde allí me llevaba a la práctica (entrenamiento). Volvíamos a las nueve de la noche. No faltaba a ningún entrenamiento porque mi papá siempre me llevaba en la motito, haciendo ese esfuerzo. Eso es lo que a uno le impulsa para seguir en el camino. Al día siguiente teníamos que ir a estudiar y con el cansancio, el entrenamiento, los fríos,… muchas ganas no te dan pero todos hacíamos el esfuerzo. Luego cuando pasas a las divisiones juveniles y aparecen otras cosas. Yo vivía muy lejos de donde entrenaba, tenía que coger dos autobuses. Es un sacrificio que al principio te agota muchísimo, pero la constancia y las ganas de dedicarme a este deporte me permitieron llegar hasta aquí.
Y en 2013 le llama el Atlético.
Fue algo rarísimo. Llevaba tres semanas con la selección para la sub’20, previo al Mundial de Turquía. Viajábamos a Chile y a eso de la una de la tarde me llama el hermano de mi representante, que es íntimo amigo mío, y me dice: «‘Nervio’ (su apodo), ven para acá que quiero hablar con vos». A mí ya me habían regalado un ‘autito’ y me fui para allá. En el camino, me llamó el ayudante técnico del seleccionador para felicitarme y decirme que ya sabían lo que había pasado. «No te preocupes por la selección, haz lo que tengas que hacer y ya la semana siguiente te incorporas con nosotros». No entendía nada. Cuando llegué a casa de mi amigo, me abrazó y me dijo: «Nervio, nos vamos». Era la una y media o dos de la tarde. A las seis salíamos para Madrid. Recuerdo a toda mi familia llorando. Fue una emoción brutal. Me acuerdo y se me llenan los ojos de la nostalgia esa. Fue un momento único e imborrable para mi familia por todo lo que habíamos luchado.
¿En el fútbol de hoy se puede jurar amor eterno a un equipo?
Sería ser preso de las palabras. Le puedes tomar mucho cariño a algo, pero el futuro no lo puedes decidir tú. Jurar amor sería en vano. Ojalá no me vaya y pueda hacer toda mi carrera aquí. No sólo depende de mí.
¿Le da muchas vueltas a cualquier error que pueda cometer en un partido?
La verdad es que sí. A mi mujer le pido que me grabe los partidos para que pueda verlos. Siempre que llego de un viaje, no me puedo dormir y los veo repetidos.
¿Qué hace cuando llega a casa y no piensa en el fútbol?
Mi mujer dice que está criando a tres niños porque juego mucho con mis hijos, estoy dando guerra todo el día. Estoy pinchándoles todo el día. Ver a mis niños reír lo cura todo.
¿Vale Giménez los 120 millones que figuran en su cláusula?
La plata es sólo un número. Nosotros sólo jugamos.

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