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Distinta vara de medir

Por Luis C. Arcos

Acabó el derby, y las cosas no cambian. Ya se hacía muy duro llevar seis años sin ganar el Madrid al Atleti, y todo estaba preparado peligrosamente para el partido del Bernabeu. Por si acaso, por si alguna cosa se pudiese escapar, ahí estaba la designación de Estrada Fernández para dirigir la contienda. Todo OK José Luis.

Algo estaba claro. Y eso, no era otra cosa, que el Atleti iba a competir para llevarse los tres puntos. Y así fue. Salió a por el partido desde el minuto 1. Con un equipo plagado de bajas. Y bajas muy importantes. Con jugadores como Diego Costa, Koke, Giménez, Joao Félix, Trippier… Y, por si fuese poco, sin poder contar con Herrera en la convocatoria. Una convocatoria con tres chavales del filial esperando su posible oportunidad.

Pues, de una vez por todas, el Atleti salió a por el partido. Por fin, el Atleti no regaló los primeros 45. Salió a plantarle cara al Madrid. Sin miedo. Mirándole a los ojos, como un boxeador con ganas de gloria. Funcionaba la defensa, sólida. El centro del campo, con un Marcos Llorente inmenso, le comió la tostada a los cinco centrocampistas que propuso Zidane, que, como bien dijo Soler antes de empezar el partido, se está Simeonizando. Y de qué manera. Y con unos jugadores, de tres cuartos de cancha, hacia arriba, que llegaban queriendo hacer mucho daño. Y vaya si lo empezaron a hacer. Empezaron a llegar, con un Morata tremendo, luchador, peleón, con muchas ganas, al que sólo sabían pararle a base de faltas. Faltas que no castigó el tencilla con alguna que otra tarjeta, más que merecida, y con un Vitolo que empezó, por momentos, a recordar al jugador del Sevilla. Y con un Correa que, con su chispa, apretaba arriba, incluso se permitió el lujo de hacer tragar a más de uno, con un tiro al palo que se sacó de la chistera.

Una gran primera parte, que no estuvo exenta de polémica. Una jugada absurda en el área del Madrid con una pérdida de balón de Casemiro y que, ante la llegada franca de Morata, no dudo en tirar de marrullería, metiendo el brazo, y el cuerpo, para derribar a Morata. Penalty. Curioso ver cómo el árbitro, que estaba de frente a la jugada, se tragó el pito. Y curioso ver cómo al VAR se le fundieron los plomos justo en ese momento, para no ver lo que todo el mundo pudo ver. Una vez más al Madrid se le volvía a favorecer esta temporada. Y, otra vez más, al Atleti se le vuelve a perjudicar.

Y ya, por si fuese poco, pudimos ver cómo Morata tuvo que salir del campo, tocado, con el temor, ante la falta de un delantero, de que pudiese romperse del todo, y perderlo para tres o cuatro partidos, con lo que el desastre podría ser mucho mayor, en vísperas de la eliminatoria de Champions contra el Liverpool. Ya, a partir de aquí, el partido terminó. Quedó en manos del Madrid. Se acabó la pólvora. No había para más. Y el Madrid, a la primera que llegó arriba con un poco de peligro no perdonó. Benzema marcó el único gol del partido en un momento en que al Atleti se le veía ya con los brazos caídos. El Madrid parece que se agarra al unocerismo. Un día tangando, y otro lo mismo.

Poco más dio el partido de sí. Bueno, si. La vuelta de Carrasco que parece que llega con muchas ganas y que nos ha devuelto los regates. Algo que empezaba a echarse de menos.

El partido nos deja brotes verdes. La ilusión de recuperar a todos los lesionados y seguir compitiendo partido a partido.

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