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LA “VIEJA” NORMALIDAD

LA “VIEJA” NORMALIDAD

 

Por Jaime de Luis

@jaimedlschafer

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Según el diccionario la palabra

“Desfachatez” define un dicho o hecho descarado e insolente.

 

Tras la vuelta de la liga española de fútbol, estamos viendo como ésta palabra está siendo la protagonista de cada jornada, y curiosamente siempre en torno a un mismo equipo. Las decisiones arbitrales a favor de este club y su revisión o no en el VAR son insolentes y descaradas.

Decía Sartre que “no existen decisiones correctas o incorrectas, sino más o menos adecuadas a los objetivos, el contexto y las circunstancias en las que se toman”

 

La capacidad para tomar esas decisiones no es algo innato, no se nace con ella, sino que se suele y conviene entrenar. Con la práctica la toma de decisiones se hace más fluida y cada vez cuesta menos realizarlas emocionalmente.

  

Al tomar una decisión se evalúan unas alternativas, se tiene en cuenta la repercusión de ese acto y se lleva a cabo según el objetivo que se pretenda conseguir.

 

Las decisiones arbitrales no creo que sean en contra de nadie, no persiguen el perjudicar a un equipo u otro en concreto.

Pero si creo que esas elecciones persiguen un objetivo, y ese objetivo no es otro que no hacer daño al poderoso, no perjudicar al equipo de siempre.

 

Hemos visto como cuando ese equipo INTOCABLE es beneficiado por decisiones arbitrales, el eco de éstas dura uno o dos días en los medios de comunicación. Pero cuando el mismo equipo es perjudicado por algún error arbitral ya se ha comprobado como los medios y el propio club se encargan de que se divulgue por tierra, mar y aire durante un mes incluso.

Luego los “llorones” son los demás. Sólo tienen derecho a “llorar” ellos y el tiempo que sea necesario.

Por todo ello, se “entiende” que los arbitrajes y las decisiones del VAR siempre estén “entrenadas” y la alternativa elegida siempre sea no aparecer en los medios de comunicación mucho tiempo, no perjudicar al equipo que controla los medios.

 

No existe una decisión correcta o incorrecta, sino adecuada a nuestros objetivos, a nuestras aspiraciones.

 

BIENVENIDOS A LA “VIEJA NORMALIDAD”

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