El Travesaño 58 en el Día del Niño

Siempre se ha dicho que el Atlético de Madrid es un equipo diferente. No es fácil explicar por qué se llevan los colores rojiblancos por bandera o qué te hace mantenerte fiel a un equipo que, como todo en la vida, es capaz de mostrarte su cara más amable o su versión más amarga. Como ocurre en algunas ocasiones cuando pruebas una comida por primera vez, la sensación que te transmite puede enamorarte y engancharte para siempre.

El Atlético es un equipo con los cuatro sabores primarios insertados en su ADN. Es dulce vivir los mejores momentos de un club que saborea con más pasión que ninguno los instantes buenos y esa capacidad sólo se puede conseguir cuando conoces de primera mano lo que es morir de hambre al no ver títulos en tu ‘nevera’.

Ser del Atlético es tener un punto ácido, inesperado, que te hace tragar saliva y exclamar que ese ‘sabor’ que no conocías o que no esperabas degustar no ha pasado desapercibido para tu paladar. Es un equipo de momentos, de situaciones que, para bien o para mal, pueden dejarte satisfecho con el menú o hacerte regresar a casa con ganas de más.


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