Siempre estarás dentro de mi

Siempre estarás dentro de mi

Radio Neptuno, Tu radio del Atlético de Madrid

Siempre estarás dentro de mi 

Por Luis C. Arcos 
@luiskar65

Se acaba la temporada y, con ella, los partidos en el Vicente Calderón. Qué bonitos recuerdos me quedan!!! He visto pasar por ahí a grandes jugadores, y he visto grandes partidos. Y he podido, incluso, celebrar algún título. Aún mantengo en mi retina mi debut. Un 11 de Septiembre. No era un gran rival, no. Pero eso era lo de menos. Me sentia orgulloso, con mi padre de la mano, y a todo el mundo le había dicho que me iba a ver al Atleti. Al Calderón. Jugaba contra el Sabadell, en Liga. Y yo no cabía en mi, de ilusión y de felicidad. Era como escalar el Himalaya. Allí descubrí el tema de las banderas de los equipos que se situaban en la parte alta del Estadio. Que tenía su porqué. Ahí descubrí que el orden de las banderas era el orden de los equipos en la clasificación de la Liga. Tantas cosas en un sólo día... 

Recuerdo que estábamos en el lateral, en el primer anfiteatro, y cuando llegamos al final de las escaleras, y vi el campo, desde arriba... Guau!!!! Impresionante!!!!! Nunca podría haber imaginado algo así. Dicen que el Calderón, cuando lo pisas, te engancha. Pero a mi, me enganchó de golpe. Con respirar el ambiente. Con ese olor al césped. Fue como una sobredosis. Qué grado de excitación!!! Y, una vez que mi cerebro empezó a procesar todo lo que estaba sucediendo, empecé a escuchar el rugir del público. Siempre tan caliente. Siempre fiel. No habían saltado aún los jugadores, miraba al marcador, que por aquella época no era ni mucho menos electrónico, sino con unos cartelones enormes, y ahí figuraba aún el 0-0. Aunque, para mi, viendo lo visto, hasta ese momento, y sintiendo lo que estaba sintiendo, parecía como si ya fuésemos ganando por lo menos por 2-0.

Empezaron a salir los jugadores al campo mientras se escuchaba Atleeeeeeti, Atleeeeeeti, y el corazón se ponía a mil. Ya veía a los jugadores aparecer. Unos jugadores que hasta ahora sólo sabía de ellos a través de las narraciones de los partidos en la radio, o por fotos. Pero ahí estaban, en carne y hueso. Y tenía la sensación de poder llegar a tocarlos si alargaba un poco más los brazos. Ya podía ver a Adelardo, Luis Aragonés, Irureta... Y cómo no. A Gárate. A mi ídolo. Y la emoción empezó a apoderarse de mi. Y sí. Se me saltaron unas lagrimillas, si. Mientras, mi padre me preguntaba, "¿Qué tal? ¿Qué te parece?" ¿Qué tal? Madre mía!!! Un sueño. No podía articular palabra. Sólo asentía con la cabeza con los ojos brillantes.

El balón empezó a rodar, y se vio un partidazo sobre el césped. El Atleti, mi Atleti, ganó por 5 goles a 0, con un hat-trick de Gárate, con un gol de Luis y otro creo recordar que fue de Becerra. Fue maravilloso. No podía entender que los demás niños no fuesen también del Atleti. Lo que se vivía allí, en el Calderón, era imposible que pudiese repetirse en ningún otro sitio. Había una sensación en el ambiente. Y era la magia. La magia que envuelve a este estadio. Una magia que te rodea y que te abraza. En mi caso, incluso en sus alrededores. Porque al lado del Calderón vivía la que es ahora mi mujer. La mujer de mi vida. Magia de arriba a abajo. Y colchonera también. Qué más se puede pedir. 

Ese partido se me hizo super corto. Y ya, con el pitido final, miré, con una tierna sonrisa a mi padre, dándole las gracias por ser del Atleti y contagiarme con esa bonita enfermedad. Me agarré fuertemente a su mano, y salimos escaleras abajo hasta la calle. Ya, camino del lugar donde tenía aparcado mi padre el coche, no paraba de girar mi cabeza para seguir observando ese maravilloso templo que, aún alejándonos cada vez más, seguía allí tan majestuoso. Y yo, orgulloso. Orgulloso de ser atlético, y orgulloso de haber pisado ese estadio por primera vez. Luego, vendrían otras muchas más, aunque ya todas diferentes. 

Desde entonces, y hasta ahora, han pasado grandes momentos que no me atrevo a enumerar. Buenos y malos. Dulces y amargos. Sólo quiero mencionar un recuerdo. Recuerdo, por ejemplo, el momento en que marcó Kiko su gol en el partido de Liga contra el Albacete, y que suponía el famoso doblete, en la portería en la que yo me encontraba detrás. Y con ello llegó la apoteosis. Habría tantas cosas por enumerar... 

Pero como se dice, todo tiene un final. Y el final del Calderón, desgraciadamente, ya está aquí. Pronto quedará un hueco a la orilla del Manzanares, un hueco que también dejará en mi corazón. Pero nunca en mis recuerdos, que seguirán siempre intactos.

Te echaré mucho de menos. Y echaré de menos todo el colorido que tiene ahora el barrio cuando juega nuestro Atleti. Siempre estarás presente. Gracias por los 50 años que nos has dado. Y por todos los grandes momentos vividos. Gracias Estadio Vicente Calderón. 

Ahora, sólo falta mirar hacia adelante. Al nuevo Metropolitano. Sí, el Metropolitano. Porque para mí, lo de Wanda, no será nada más que un apéndice publicitario. Un nuevo estadio donde se tiene que cimentar el futuro de uno de los grandes equipos de Europa. El Atlético de Madrid. 

Pero eso será otra historia.