Blog Uría: Enterrar al Atleti

Blog Uría: Enterrar al Atleti

Radio Neptuno, Tu radio del Atlético de Madrid

Rubén Uría

Sin gol y sin fútbol. Así está el Atleti. Como suena. Ahora bien, quienes quieran enterrar a este Atleti, a Simeone y a Gabi, adelante. Conmigo que no cuenten.

Cinco títulos y dos finales de Champions después, con menos recursos que otros pero más ilusión que todos, en un rincón de una nueva casa tan estética como fría, resuena una voz, supuestamente atlética, entre las gradas, y no precisamente para cantar un gol de Ayala. La voz grita:“La culpa es de Simeone, que no tiene ni puta idea. Es un cagón, echa el equipo para atrás. Si tienes decencia, si tienes dignidad, Cholo, vete ya”. El comentario llega a oídos de un buen amigo, Álvaro, y su padre, socios del Atleti, curtidos en los años de mediocridad y agradecidos en los de bonanza. El padre gira la cabeza, pone cara de incredulidad y mira a su vástago, cariacontecido. Su hijo, encendido por el comentario, zanja la cuestión con un comentario lapidario, en voz baja: “Papá, aquí ya dejan entrar a cualquiera”. Eso fue hace cosa de un mes. Ahora, tras tocar fondo ante el Qarabag, después de demostrar, por enésima vez, que en materia de gol, apunta a un farol y mata a una vieja, el Atleti ha quedado virtualmente fuera de la Champions. Y aquella voz solitaria de hace un mes, ahora encuentra apoyos y se multiplica. Algunos pitan, otros silban, muchos abuchean y una minoría, cada vez más ruidosa, recela de Simeone. Fútbol. Resultados. Revanchismo. Los instintos más bajos.

A los que, después de siete años traumáticos, esbozaron una sonrisa viendo cómo el Atleti se despeñaba por ansiedad y falta de puntería, enhorabuena. A los que presumen de creer cuando entra la pelota y dejan de hacerlo para maldecir a los que les llevaron a la gloria, buen provecho. A los intoxicadores habituales, falsos profetas y asesinos de reputaciones, que anoche, después de una larga espera, vieron el cielo abierto para echar pestes de Simeone, felicidades. A los que miran para otro lado cuando se les pregunta por qué el Atleti cambió de casa sin contar con sus aficionados y a los que se hacen los suecos cuando se les pregunta por qué nadie se responsabilizó ni dio la cara después de una sanción de la FIFA que dejó a este equipo sin la posibilidad de fichar, gracias. A los que saben más que Simeone, le llaman cagón y le discuten ser el creador de un equipo hecho a su imagen y semejanza, a los que eran felices cuando el Atleti se arrastraba frente a un Segunda B y vivían en el deleite del placer en los años de plomo, de Ferrandos y Manzanos, congratulaciones. A los que siempre tienen un reproche a mano para pegarle un palo al entrenador que les sacó de la mediocridad y faltan al respeto al grupo de jugadores más maravilloso que ha tenido este club en toda su historia, porque tienen cuello para girarlo al césped pero nunca al palco, parabienes. Disfruten lo logrado.

A los que, después de siete años de éxitos inimaginables, se han acomodado sin valorar todo lo conseguido a base de camiseta y sudor, y ahora destilan prejuicios e ínfulas de nuevo rico, felicitaciones. A los que se llenan la boca de decir que están orgullosos de no ser como otros pero acuden al campo a silbar a los jugadores, pitar al entrenador y heredar los comportamientos de esos que dicen no querer ser, suerte. A los que dicen que no consumen pero lo hacen a espuertas, prosperidad. A los que llegaron al equipo como refuerzos y están pagando la confianza del entrenador con la falsa moneda de la flojera y la falta de implicación, ánimo y a seguir. A los que son menos dañino que el pescado blanco y se ponen nerviosos delante del portero, sabiendo que Simeone nunca les señalará en público, a ropa, que hay poca. Al futbolista que alcanzó el estatus de estrella tras ser reprogramado por el Cholo, al que pasó de ser bueno a ser uno de los mejores, al que fue ídolo atlético hasta el pasado verano, hoy fuera de forma y acomodado, usando el pasado como un sofá y no como un trampolín, buena suerte.

A los que, doloridos, les cayó una lágrima como una bellota por la mejilla, viendo cómo Gabi, Godín o Juanfran, la vieja guardia, peleaba sin desmayo para honrar la camiseta, gracias. A los que han renegado del carné cien veces pero vuelven siempre, porque saben que, si se trabaja y se cree, se puede, a los que arropan cuando tienen ganas de silbar, mi respeto. Y a los que creen que si el barco se hunde, están encantados de hundirse con Simeone y estos jugadores, gratitud eterna, porque en los momentos más duros es donde se refuerzan las convicciones. A los que no niegan la realidad y saben que el equipo está herido, pero confían en el trabajo del señor que se ha quedado en el Atleti incluso sabiendo que lo mejor para él era irse, porque sabía lo que había cuando renovó, gracias. A los que anoche alentaron sabiendo que el Atleti libraba una batalla con sus demonios interiores y su lastimosa falta de pegada, mi admiración. Y a los que aplazan los fusilamientos y los funerales, porque saben que esto acaba en mayo y ser del Atleti consiste en levantarte cuando la vida te golpea fuerte, gloria eterna.

Hay muchos cuerpos, pero sólo un alma. Hay grandes jugadores, pero pocos con la nobleza de Juanfran. Hay muchos fichajes, pero ninguno con la entrega de Godín. Hay muchos nombres, pero ninguno es tan hombre como Gabi. Y hay muchos entrenadores, pero ninguno como Simeone. Él podría pasarse sentado sobre su dignidad el resto de su vida, porque llevó al Atleti a lograr lo que otros ni siquiera tuvieron pelotas de soñar. Es el señor que ahora, en las malas, se merece todo el apoyo y el respeto. Es el tipo que convirtió en campeón a un equipo que no creía ser campeón. Es el hombre que cambió la mentalidad de toda una afición que ahora, después de un palo brutal, tiene dos caminos: renegar de todo lo conseguido, demostrando que no ha entendido nada de nada, o demostrar que merece el entrenador que todavía tiene. Este Atleti es el Cholo y el Cholo es este Atleti. Quienes quieran fusilar y enterrar a este Atleti, a Simeone y a Gabi, adelante. Conmigo que no cuenten.

Rubén Uría / Eurosport